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Notas de prensa

La nueva Política Agrícola Común: una oportunidad perdida

Publicado el 29/06/2021
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  • El acuerdo alcanzado con el Consejo debilita aún más la postura adoptada por el Parlamento Europeo en octubre, dando como resultado una propuesta insuficiente en términos de justicia en el reparto, ambición verde y exigencias sociales y laborales

Los ministros de Agricultura y Pesca de la UE ratificaron este lunes el acuerdo alcanzado el pasado viernes sobre la Política Agrícola Común (PAC) que se aplicará entre 2023 y 2027. Se trata de una hoja de ruta que, como llevamos meses anticipando, no resuelve los desequilibrios en el reparto de los fondos, se queda corta en las exigencias medioambientales e incluye una condicionalidad laboral demasiado débil.

Se trata de una oportunidad perdida para hacer de la PAC una herramienta más justa, más verde y más social. No olvidemos que no se trata solo de un programa enfocado al sector agrícola, ganadero y al medio rural: por su dotación (en torno al 30% del presupuesto de la UE), expansión (millones de receptores de ayudas directas) y, en definitiva, por tratarse de la producción de alimentos, es una política central que afecta a toda la población de la Unión.

La postura adoptada por el Parlamento Europeo en octubre ya era insuficiente, por lo que la negociación con el Consejo solo podía rebajar aún más las exigencias del acuerdo.

1) Desde Podemos exigimos entonces una PAC más justa que distribuyese mejor los fondos, favoreciendo a las pequeñas y medianas explotaciones frente al modelo del agronegocio intensivo y enfocado a la exportación. Para ello defendimos un ‘capping’ o pago máximo de 60.000 euros (solo el 2% de los beneficiarios en la UE reciben más). El Parlamento lo fijó en 100.000 euros y el acuerdo final ni siquiera obliga a los Estados a que lo apliquen.

Tampoco ha aumentado lo suficiente el pago redistributivo, que ha quedado en un bajo 10% que difícilmente tendrá un impacto real en las ayudas que reciben los pequeños agricultores.

2) Desde Podemos pedimos entonces una PAC más sostenible, alineada con los objetivos del Pacto Verde y con exigencias medioambientales concretas. Sin embargo, los nuevos ‘ecoesquemas’, a los que se dedicará un 25% de las ayudas directas (frente al 30% que pedía el Parlamento), son un arma de doble filo por varios motivos:

  1. En la anterior PAC ya había una partida de ‘greening’ vinculada a prácticas sostenibles, y su dotación era del 30%, por lo que no supone un gran avance.
  2. Su definición quedará en manos de los Estados. Aunque sobre el papel podría ser algo positivo, puesto que permite ajustarlos a la realidad de cada sector y país, abre la puerta al 'dumping' verde (competencia desleal).
  3. Además, no tendrán que ponerse en marcha plenamente hasta 2023, y los Estados podrán conseguir ‘descuentos’ (rebates) en el objetivo del 25% si invierten más del 30% del segundo pilar de la PAC (desarrollo rural) en medidas agroambientales y de lucha contra el cambio climático.

Por otra parte, los objetivos del Pacto Verde solo aparecen recogidos en los ‘considerandos’ del texto, restando peso a la obligación de cumplirlos.

3) Desde Podemos peleamos entonces por una PAC con garantías sociales y laborales, vinculando los fondos a un mayor control de las condiciones de trabajo en el sector, y con más apoyo a la juventud, imprescindible para el relevo generacional del campo. Sin embargo, la 'condicionalidad social’ incorporada en el acuerdo final no será obligatoria hasta 2025, y el porcentaje mínimo de ayudas directas para productores menores de 40 años (el 3% del presupuesto de cada país) no permite apuntalar el relevo generacional.

Se trata, en definitiva, de una PAC continuista, sin un cambio real de enfoque y que difícilmente dará respuesta a las necesidades de la agricultura europea en términos de apoyo a los pequeños productores y al necesario relevo generacional. Además, hipoteca los objetivos medioambientales fijados en el Pacto Verde y en la Estrategia de la Granja a la Mesa.